Ali y su gran legado

 

Fue rápido de pies y manos —y también con la boca— un campeón del peso completo que prometió sorprender al mundo, y así lo hizo. Más que todo, emocionó, incluso después, cuando pagó cara la acumulación de golpes y su voz era apenas un susurro.

Fue Muhammad Ali. Fue El Más Grande. Falleció en Phoenix, Arizona, a los 74 años por un problema respiratorio.

Con un ingenio tan agudo como sus puñetazos, Ali dominó el boxeo durante dos decenios antes que el mal de Parkinson, causado por miles de golpes a la cabeza, destruyese su cuerpo, enmudeciese su voz y pusiese fin a su carrera en 1981.

Ganó y defendió su título pesado en combates épicos y escenarios exóticos, habló enérgicamente en favor de los negros y se negó a ser conscripto en el ejército durante la Guerra de Vietnam.

Nunca se cansó de acuñar frases ingeniosas, como cuando se describió a sí mismo al decir que “floto como una mariposa y pico como una avispa” o cuando señaló: “Soy el más grande”, “Soy guapo, soy rápido, y nadie puede ganarme” o “Cassius Clay es el nombre de un esclavo. Yo soy Muhammad Ali, un nombre libre”.

Finalizó su trayectoria con un récord de 56-5 y 37 nocauts, y fue el primer púgil en ganar tres veces el título de la máxima división.

Venció abrumadoramente al temible Sonny Liston, desafió los pronósticos para imponerse a George Foreman en Kinshasa, Zaire, y casi peleó hasta la muerte con Joe Frazier en las Filipinas.

Ganó millones de dólares con su centelleante jab. Pero fueron sus payasadas —y sus declaraciones— fuera del ring las que transformaron al hombre bautizado Cassius Clay en el astro Muhammad Ali, quien desafió el llamado a filas durante la Guerra de Vietnam: “Yo no tengo problemas con el Viet Cong”, y perdió tres años y medio del momento cumbre de su carrera.

Fascinó a líderes, diciéndole una vez al presidente filipino Ferdinand Marcos: “Vi a tu esposa. No eres tan tonto como pareces”.

Luego se embarcó en una segunda carrera como misionero del islam, pero entonces el Parkinson le robó el habla. “La gente va a sentirse triste por los efectos de la enfermedad”, dijo Hana, una de sus hijas de Ali, cuando éste cumplió 65 años. “Pero si pudieran verle realmente en la calma de su vida diaria… está en una completa paz”.

Ali calculó una vez que había recibido 29,000 golpes a la cabeza y ganado 75 millones de dólares.

Aunque tuvo que aflojar el paso en años recientes, se las arregló para hacer numerosas presentaciones: el Ali envejecido se convirtió en una figura conmovedora. Con el rostro casi paralizado y las manos temblorosas, encendió la llama olímpica en Atlanta 1996. Unos pocos años después, se sentó calladamente en la sala de un comité del Congreso en Washington: su mera presencia bastó para convencer a los legisladores a aprobar la ley de reforma del boxeo que llevaba su nombre.

Uno de sus mayores oponentes se convirtió en un gran admirador. En vísperas del 35 aniversario de su gran pelea en Zaire, Foreman reconoció a quien le venció en 1974: “Yo no le llamo el mejor boxeador de todos los tiempos, pero él es el mejor ser humano que he conocido”.

Nacido Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, Ali comenzó a boxear a los 12 años después que le robasen su bicicleta nueva y le prometió al policía Joe Martin que él le daría una paliza a la persona que se la hurtó.

El mismo Martin lo manejó en su carrera amateur de seis años que concluyó con el oro en los pesos ligeros en Roma 1960.

Tras vencer a Liston para ganar la corona pesada en 1964, Clay sorprendió al mundo del boxeo al anunciar que era miembro de la Nación del Islam, y el 28 de abril de 1967, un mes después de que noqueó a Zora Folley en el séptimo asalto en el Madison Square Garden de Nueva York (la octava defensa de su cetro), se negó a enlistarse en el ejército. Por ello fue despojado de su título y expulsado del boxeo.

Ali apeló el fallo sobre la base de que era un clérigo musulmán. Se casó con Belinda Boyd, segunda de sus cuatro esposas, un mes después de ser convicto, y tuvo cuatro hijos con ella. Procreó dos más con su tercera esposa, Veronica Porsche, y él y su cuarta esposa, Lonnie Williams, adoptaron un niño.

Muchos en el mundo del boxeo opinan que Ali no volvió a ser el mismo después de su ausencia, pese a que ganó la corona otras dos veces y la defendió varias más, incluyendo la legendaria pelea con Foreman y las tres batallas con Frazier. Ali perdió el título ante Leon Spinks, y regresó para recuperarlo el 15 de septiembre de 1978, cuando se llevó una decisión sobre Spinks en Nueva Orleáns. Se retiró, pero volvió para tratar de ganar el cetro por cuarta vez ante Larry Holmes el 2 de octubre de 1980 en Las Vegas.

Pero Holmes, su ex compañero de entrenamientos, jugueteó con él hasta que el entrenador Angelo Dundee se negó a dejar que Ali respondiese al campanazo en el undécimo episodio.

Aun así, peleó una vez más: una derrota por decisión en 10 ante Trevor Berbick en las Bahamas.

En 1990, viajó a Irak por iniciativa propia para reunirse con Saddam Hussein y regresó a Estados Unidos con 15 individuos que habían sido tomados como rehenes; uno de ellos lo describió como “un ángel”.