Carga mortal sobre los rieles por el East End

Gustavo Rangel

Un grupo de residentes del East End ya están hartos de ver todos los días su rutina diaria alterada por el tráfico de trenes, pero sus preocupaciones se han incrementado aún más por los recientes descarrilamientos que han ocurrido en la zona y porque algunas versiones indican que cada vez son más los trenes que transportan químicos tóxicos e inflamables.

“Vivo a solamente 10 metros de los rieles y claro que todos los días pienso en lo que nos pudiera pasar si un tren se descarrila en nuestra área”, dijo Alejandro Contreras que vive cerca de una de las tantas intersecciones por donde transitan los trenes en el East End.

“Si algún día se descarrila un tren con químicos tóxicos o inflamables no creo que vamos a estar preparados para responder de inmediato y sería algo muy trágico. Estamos demasiado cerca y hay demasiados trenes, me duele decirlo pero estamos en una zona de altísimo peligro”, agregó el residente.

El señor Contreras no es el único que siente que está viviendo con un ‘monstruo’ en su barrio, decenas de residentes del East End se reunieron con funcionarios, representantes de la Policía de Houston, activistas y científicos para analizar la preocupante situación que se vive actualmente con los trenes en el barrio y lo que puede venir en el futuro.

“No hay transparencia. Sabemos que por estos rieles trenes transportan químicos que ni siquiera podemos pronunciar, pero que sabemos que son muy peligrosos y que en caso de un descarrilamiento nuestro barrio podría sufrir una verdadera tragedia”, comentó Juan Parras, líder comunitario del East End.

Una de las preocupaciones más grandes es que se han manejado versiones de que en algunos vagones se está transportando aceite crudo que es muy inflamable.

En un mapa Parras demostró que la enorme cantidad de aceite Bakken que supuestamente se transporta por el East End.

“Les aseguro que en nuestro barrio se transporta más aceite Bakken que en ninguna otra parte de la ciudad y eso no está bien. Estamos expuestos a un gran peligro”, agregó Parras.

Se estima que trenes transportan entre 2 a 6 millones de galones de aceite por los trenes que pasan por el Condado de Harris y considerando la proximidad del East End con el Puerto de Houston las probabilidades de que muchos de esos galones estén pasando por los vecindarios del área, que también es conocida como Magnolia, son muy altas.

La ecologista Nancy Nusser, que estuvo presente en la reunión con los residentes del East End, indicó que el tráfico de trenes transportando aceite ha incrementado drásticamente de 9,500 vagones en el 2008 a 420,000 en el 2013. Lo más preocupante es que con la ampliación del Canal Panamá se anticipa que estos números seguirán incrementando.

Nusser aseguró que así como incrementa la cantidad de vagones transportando aceite crecen las posibilidades de descarrilamientos.

“Queremos evitar tragedias como la que ocurrió en el 2013 en Mégantic, Quebec donde un tren se descarriló con 72 vagones que cargaban aceite Bakken y mató a 47 personas”, contó Nusser.

La ecologista indicó que un estudio pronostico diez descarrilamientos por año debido a la cantidad de tráfico que actualmente existe.

“El problema es que no sabemos donde o cuando se pueden dar estos descarrilamientos pero lo que sí sabemos es que si ocurren en áreas urbanas como el East End los resultados pueden ser catastróficos”, explicó Nusser.

En un comunicado la American Association of Railroads aseguró que están al tanto de las preocupaciones de seguridad y que trabajan constantemente para asegurarse que los vagones, rieles y maquinas estén en las mejores condiciones posibles.

Sin embargo los tres pequeños descarrilamientos que han ocurrido en las pasadas semanas en el East End tienen a los vecinos haciendo preguntas fuertes a empresas como Union Pacific.

“Representantes de Union Pacific me aseguraron que pronto estarán haciendo una extensa revisión con la más alta tecnología a los rieles que cruzan por el East End”, dijo Robert Gallegos, concejal del Distrito I.

Los residentes también se quejan de que los trenes en ocasiones convierten el barrio “en su estacionamiento”.

“A veces duran parados hasta cuatro horas en un sector del barrio y uno tiene que buscar otras rutas para llegar a su destino”, dijo Parras.

“Esto también es un gran inconveniente para los bomberos, policías y paramédicos que van en ruta a una emergencia”, agregó.

Los trenes en el East End se han convertido en parte de la vida diaria de esta área pero la posibilidad de que las condiciones puedan empeorar en el futuro tiene a los vecinos de esta zona en alerta.

“Los funcionarios, los representantes de estas compañías de trenes y la comunidad se tienen que sentar y dialogar para encontrar soluciones. Este problema ya no se puede ignorar”, concluyó Parra.