Editorial: Ya basta de silencio y negligencia

Gustavo Rangel

En nuestro reportaje de portada llevamos la crónica de una masacre que acabó con la vida de seis niños y dos adultos.

La tragedia ha marcado a esta ciudad para siempre, y es que los hechos que las autoridades han compartido hasta ahora son lamentables.

Un hombre con una larga historia de violencia domestica caminaba por las calles como si nada, y gozaba con todas las ventajas para poder causar daño. Lamentablemente esas ventajas las aprovechó a lo máximo, David Ray Conley el sábado pasado para ingresar a la casa de su ex pareja y matar a sangre fría, una por una, con un tiro en la cabeza a ocho personas; seis niños, uno de ellos su propio hijo, su ex pareja y el padre de los otros cinco niños y esposo actual de su ex.

Con los detalles que han ido surgiendo una vez más queda evidente que el sistema de protección para menores necesita modificarse. Estos niños que murieron llevaban años en peligro. En el 2013 oficiales con el departamento de Servicios de Protección para Menores (Child Protective Services, CPS) intentaron quitarle a Valerie Jackson y a su esposo Dwayne Jackson (los dos adultos que murieron en la masacre y padres de los niños) los seis niños, porque se encontraban en “peligro inminente”.

Los niños en entrevistas con oficiales de CPS confesaron que eran golpeados por sus padres y que regularmente los dejaban descuidados, pero de cualquier forma los menores permanecieron en lo que aparentemente era un ‘infierno’.

Durante el tiempo que estuvimos reporteando sobre la tragedia en el vecindario de Falling Oaks, varios vecinos nos contaron que los niños regularmente andaban en la calle solos sin ninguna supervisión, incluyendo los más pequeños. Los más grandes que fallecieron en la masacre les contaban a sus amigos que tenían miedo de ir a casa porque los golpeaban.

¿Cómo es posible que nadie tomo una acción contundente para ayudar a estos niños? Las autoridades aquí fallaron, y feo.  No puede ser que desde el 2012 estos niños estuvieron rodeados de padres abusivos y nadie pudo hacer algo para rescatarlos. En el 2012 el esposo de Valerie, Dwayne Jackson, padre de cinco de los niños asesinados, irónicamente los amenazó de muerte. Jackson, que también fue una de las víctimas de la masacre, según documentos de la corte amenazó a Valerie de muerte junto con todos sus hijos, pero de cualquier forma los niños siguieron viviendo con él (Jackson) y Valerie bajo un “plan de seguridad” hasta el 2014 cuando el caso fue absuelto por un juez. Los niños permanecieron en el ‘infierno’. Conley fue abusivo con Valerie mientras que estuvo con ella y también con su propio hijo.

Más de 10 vecinos que entreviste sabían que los niños no estaban en un hogar seguro pero nadie hizo algo para ayudarlos. Los niños no merecían vivir en esas condiciones y mucho menos merecían morir de esa manera, en las manos de un ‘monstruo’ cobarde. El silencio es el gran aliado de estos hombres abusivos y lamentablemente muchas personas callaron. Otro aliado de estos cobardes es el sistema de protección para los menores que les permite abusar, intimidar y oprimir a sus víctimas con sus evidentes fallas.

Ya basta. Es tiempo de hacer cambios contundentes, no se puede seguir dejando que niños inocentes sigan siendo víctimas de padres abusivos.  Que descansen en paz estos niños, que sin duda ahora está en un mejor lugar.