“Fue un padre. Dio todo por nada”, recuerda niño del albergue de Juan Gabriel

México.- Sencillo, amable, cariñoso, interesado en su futuro y como un padre describieron a Juan Gabriel exalumnos de la escuela musical y albergue infantil Semjase, que el cantante mantuvo abierto en Ciudad Juárez durante casi treinta años.

“Juan Gabriel fue un padre para nosotros. Nos dio todo por nada”, dijo a Efe Antonio Flores, un joven de 23 años que estuvo interno de los 7 a los 14 en este centro educativo destinado a infantes y jóvenes procedentes de familias con bajos recursos o huérfanos.

Emocionado, Flores repasó varios encuentros con el polifacético artista, apodado el Divo de Juárez y quien el domingo murió a los 66 años de un infarto al corazón en Santa Mónica (California, EE.UU.).

Entre “los más lindos” se encuentran los nueve conciertos que ofreció el cantante en el Auditorio Nacional en 2012, en los que Flores participó junto a la banda de mariachis Alma de Niño, formada en el Semjase.

Varias fotografías en su Facebook dan fe de este honor y hazaña. En ellas una decena de jóvenes, sonrientes y vestidos de mariachis, acompañan a esta máximo exponente de la música popular de México, que hoy llegó a reivindicar hasta el presidente de EE.UU., Barack Obama, diciendo que fue “uno de los más grandes músicos latinos”.

La historia de Flores es la de muchos otros niños internados en este centro educativo.

“Mi mamá tenía que trabajar y como nos mantenía sola, no nos podía dejar con nadie. Por eso nos internó”, contó este joven, que ahora forma parte de la agrupación musical El Son del Barrio.

Según la página web del centro, el recinto abrió en septiembre de 1987 y se dedicó a albergar a los niños de escasos recursos, ofreciendo alojamiento, manutención y educación general y musical.

En 2015 cerró, aparentemente por falta de recursos y conflictos laborales, señaló hoy a Efe el alcalde de la fronteriza Ciudad Juárez, Javier González Mocken.

Pero en estos 28 años, formó a centenares de niños y jóvenes que guardan un muy grato recuerdo del recinto. “Lo que uno puede desarrollarse como ser humano lo aprendí ahí. Ahí me enseñaron a ser hombre de bien, ahí nunca sufrí. Viví como un príncipe”, explicó Víctor Eduardo Sandoval, de 28 años.

Este albergue fue una de las distintas acciones filantrópicas que el Divo de Juárez, padre de cuatro hijos, regaló a la ciudad, pues también dio apoyo económico a universitarios de la localidad, ayudó a ONGs de derechos humanos y ofreció recitales gratuitos.

Sandoval, que actualmente es estudiante de Derecho, rememoró las largas horas de estudio musical, de cuatro horas cada tarde y de lunes a viernes, que le llevaron a amar este arte y a tocar hasta cuatro instrumentos.

Para Sergio Leslie Duran, otro de los estudiantes y hoy músico de la banda Dank, Juan Gabriel fue su “padrino y padre”, y le agradeció la educación musical recibida: “Es algo que no cualquier niño, y menos en México, puede tener”.

Para Miguel Ángel Pacheco, hoy ingeniero industrial, el artista era una “persona muy sencilla, amable y con mucho amor y cariño para dar a los jóvenes necesitados”.

Todos los niños que alguna vez pasaron por el centro recuerdan con todo lujo de detalles sus momentos con el divo, pocos pero inolvidables, que reflejan la cara más amable y cercana del compositor.

Un artista de orígenes humildes y marcados por una infancia muy similar a la de sus protegidos; nació en 1950 en Michoacán (oeste de México) y de niño se trasladó a Ciudad Juárez, donde pasó años internado en un centro, precisamente porque su madre no podía mantenerlo a él, el menor de sus ocho hijos.

Víctor Eduardo, por ejemplo, lo vio cuatro veces, y fue en la segunda ocasión, cuando tenía diez años, que un detalle le llamó la atención cuando se acercó a saludarlo: “Recuerdo muy bien que iba con una boina (de la marca) Jordan. Y traía un olor muy rico. Iba todo de negro, muy elegante”.

A su vez, Sergio Leslie, alumno del centro de los seis años a los 19, reivindicó con una anécdota la faceta más humana y humilde de este multimillonario artista.

Tras una de esas actuaciones en el Auditorio Nacional que ninguno de los jóvenes jamás van a olvidar, Juan Gabriel los llevó a cenar: “Me llamó la atención su sencillez. Le pregunté cuál era su comida favorita y me dijo: Los frijoles”.