Las víctimas de La Bestia que pasaron por Houston llegaron a Washington

Gustavo Rangel

Houston.- Los dos inmigrantes mutilados que le contaron a La Prensa de Houston sus historias de tragedia mientras intentaban llegar a los Estados Unidos en el tren mejor conocido como La Bestia, lograron su propósito y llegaron a la capital de este país para denunciar la pesadilla de su viaje junto con otros compañeros que también sufrieron mutilaciones en el recorrido.

José Vásquez y José Luis Hernandez, visitaron la sala de redacción de este semanario hace unas semanas atrás para narrar sus devastadoras experiencias mientras viajaban por México en los rieles de La Bestia. Los dos hondureños sufrieron graves mutilaciones que alteraron por completo sus vidas.

Las historias de estos dos hondureños lamentablemente se dan a diario en el camino que toman miles de migrantes para llegar a los Estados Unidos. Trepados en los vagones de La Bestia miles de personas han sido mutiladas, desaparecidas, violadas y asesinadas. La Bestia sigue dejando huellas de muerte y tragedia.

“Solo en nuestro país (Honduras) hay más de 700 personas que fueron mutiladas por el tren en México, 3,000 personas siguen desaparecidas, 350 cadáveres de hondureños han sido repatriados luego de haber perdido la vida en el camino a Estados Unidos. Sin embargo no hay voluntad política en nuestro país para arreglar esta dura realidad”, aseguró Hernández.

El mensaje de tragedia

Vásquez y Hernández son parte de un grupo de personas que fueron mutiladas por La Bestia que finalmente pudo a Washington, D.C. para “mostrar el verdadero rostro de la migración” al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

La Bestia, truncó el sueño americano de estegrupo de hondureños, de visita en Washington para denunciar la pesadilla de un viaje que se cobró sus piernas, cortó sus manos y sesgó sus esperanzas.

La llegada del grupo de inmigrantes coincidió con la visita a la capital federal del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, para reunirse con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y el vicepresidente, Joe Biden, con el que preveía abordar temas de violencia y migración en Centro América.

“Pedimos a nuestro presidente que actúe. Aquí estamos ocho mutilados. En Honduras hay 692″, recalcó Hernández, que junto a otros 16 inmigrantes indocumentados abandonó, una vez más, Honduras el 25 de febrero para mostrar al mundo la cara más dura de la inmigración indocumentada.

Tardaron un mes en atravesar México y, al llegar a Estados Unidos, las autoridades migratorias les interceptaron y llevaron al centro de detención del sur de Texas en la localidad de Pearsall, cerca de San Antonio, y del que consiguieron salir gracias al grupo de abogados de la asociación defensora de inmigrantes “Raíces”.

Según cuentan, tras un mes y medio de detención, recuperaron su libertad y siguieron el camino que hoy les llevó a la Casa Blanca.

De los 17 que integraban al principio la caravana, a Washington llegaron ocho, muchos de los cuales son padres de familia que decidieron retomar un viaje que hace años se volvió en su contra para exigir oportunidades para sus hijos y evitar que un día tengan que saltar a La Bestia.

“Me vine para cambiar el futuro de ellos. No queremos que les pase lo mismo. Estamos haciendo todo lo posible para que nuestros niños no tengan que inmigrar y tengan un buen trabajo en nuestro país”, explicó Benito Murillo, de 44 años y con cuatro hijos de edades comprendidas entre los 18 y los 12 años.

Murillo, que se sostiene en una muleta, decidió salir de su casa en 2005 para evitar la violencia, el desempleo y el hambre y eligió “La Bestia” por ser “más barato” que los “coyotes” (traficantes de personas), que acompañan a los inmigrantes en el camino y a los que muchas familias pagan para traer a sus hijos a EEUU.

Como muchos otros, Murillo caminó al lado de las vías del pesado tren de carga y, aunque conocía los riesgos, agarró impulso y se lanzó hacia uno de los vagones que pasaba por Chiapas (México) con la esperanza de que las pesadas piezas de metal no le hicieran daño.

Perdió un brazo y una pierna y, tras varios días de sufrimiento, recuperó la conciencia en manos de Olga Sánchez Martínez, fundadora y presidenta de la Asociación Civil “Albergue Jesús el Buen Pastor del Pobre y del Migrante” en Chiapas, hogar de decenas de inmigrantes enfermos o mutilados.

Como Murillo, Freddy Omar Vega, de 36 años, decidió atreverse con el “tren de la muerte” en 2006.

“No estamos aquí por nosotros. Nosotros ya estamos bregados. Pero hay otros que están pensado en viajar y no queremos que les pase lo mismo que a nosotros. Por buscar una vida mejor, pueden encontrar la muerte o un secuestro o quedar incapacitados como nosotros. No lo podemos permitir”, dijo Omar Vega.

Con la misma fuerza con la que emprendieron un camino que se tornó en pesadilla, el grupo de hondureños promete resistir frente a la Casa Blanca hasta conseguir una reunión con Obama y amenazan con iniciar una huelga de hambre si les niegan el encuentro.

“Hemos estado cuatro meses de viaje. No estamos dispuestos a irnos con las manos vacías -aseguró con una sonrisa Omar Vega-. Nos montamos en ‘La Bestia’ porque queríamos un futuro mejor y si no es para nosotros, que sea para nuestros hijos”.

Con información de EFE.