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Escuelas y universidades ajustan reglas en la educación pública en Texas

by Redacción - La Prensa de Houston

Distritos del área de Houston rechazan periodos de oración obligatorios mientras el sistema de la Universidad de Texas limita los “temas controvertidos” en las aulas. Las decisiones reavivan el debate sobre fe, libertad de expresión y control estatal en la educación pública en Texas.

La educación pública en Texas vive semanas de cambios acelerados. Varios distritos escolares del área de Houston, incluido Houston ISD, han decidido no implementar periodos diarios designados para la oración y la lectura de la Biblia que permite una nueva ley estatal. Al mismo tiempo, la Junta de Regentes del sistema de la Universidad de Texas aprobó una política que limita la forma en que el profesorado puede abordar temas considerados “controvertidos” en clase.

Ambos movimientos, en distintos niveles educativos, colocan a Texas en el centro de una discusión nacional: quién marca los límites de lo que se puede decir, enseñar o practicar dentro de las aulas públicas, desde primaria hasta la universidad. Para familias, estudiantes y docentes, las decisiones tomadas hoy tendrán impacto directo en cómo se entiende la educación pública en Texas en los próximos años.

Houston y Galveston rechazan los nuevos periodos de oración

El Distrito Escolar Independiente de Galveston (Galveston ISD) se convirtió esta semana en el último distrito local en votar contra la adopción de periodos específicos para oración y lectura de la Biblia en las escuelas, autorizados por el recién aprobado Senado Bill 11 (SB 11). De acuerdo con lo informado, la junta escolar aprobó la decisión con una votación de 6–0 y sin discusión, como parte de una agenda de consentimiento que incluía varios puntos.

Houston ISD, el distrito más grande de Texas, ya había tomado la misma ruta. Según reportes previos, otros distritos del área metropolitana, Alief ISD, Conroe ISD, Cypress-Fairbanks ISD, Humble ISD, Katy ISD y Spring ISD, también votaron en contra de reservar tiempo escolar para estas actividades religiosas.

SB 11 no obliga a los distritos a establecer estos periodos, pero sí exige que todas las juntas escolares públicas y los cuerpos de gobierno de las charter en Texas tomen una decisión antes del 1 de marzo sobre si los implementarán o no. Allí se juega una parte del futuro de la educación pública en Texas en el nivel básico.

Qué permite la ley y por qué genera debate

La nueva ley abre la puerta a que las escuelas reserven un periodo designado, durante la jornada, para que estudiantes y empleados que así lo deseen participen de oración o lectura de textos religiosos, incluida la Biblia. La norma establece que, para hacerlo, se debe presentar un formulario de consentimiento firmado. Quienes lo firmen renuncian a su derecho de demandar al distrito escolar en tribunales estatales o federales por esta práctica.

Galveston ISD dejó claro que, aun sin adoptar estos periodos oficiales, estudiantes y trabajadores no tienen prohibido orar ni leer textos religiosos durante momentos del día que no estén designados para la instrucción y que no interrumpan las clases. Es decir, la práctica personal de la fe sigue siendo posible dentro de las reglas ya existentes.

Sus defensores argumentan que dedicar un espacio a la oración en las escuelas es importante porque, a su juicio, han disminuido las oportunidades para orar o leer la Biblia en los planteles públicos. Más de 160 líderes religiosos de todo Texas han pedido a las juntas escolares considerar con cuidado estas decisiones, y algunos sectores ven la propuesta como una manera de visibilizar la fe en la vida escolar.

Quienes se oponen sostienen que la ley pone en riesgo la separación entre Iglesia y Estado, complica la operación diaria de los planteles y podría vulnerar protecciones de la Primera Enmienda. También señalan que no era necesaria, porque el alumnado ya puede expresar su fe en los campus, siempre que no interfiera con el proceso educativo ni se imponga a terceros.


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Magnolia ISD y el mapa diverso de decisiones

No todos los distritos han tomado la misma postura. Magnolia ISD, también en el área de Houston, votó a favor de establecer periodos designados de oración. En ese distrito, la participación será voluntaria tanto para estudiantes como para personal, tal como establece SB 11.

Este contraste entre Magnolia ISD y distritos como Houston ISD, Galveston ISD o Cypress-Fairbanks ISD muestra cómo, dentro de la misma región, las comunidades están respondiendo de maneras distintas al mismo marco legal. Para madres, padres y tutores, esto significa que la experiencia religiosa, o la ausencia de ella, durante la jornada escolar puede variar significativamente según el distrito donde estén inscritos sus hijos.

La diversidad de respuestas confirma que la educación pública en Texas no se define solo desde Austin, sino también en cada mesa de junta escolar, donde se miden preocupaciones sobre derechos civiles, logística escolar, clima político y expectativas de las familias.

La Universidad de Texas limita los “temas controvertidos” en el aula

Mientras los distritos K–12 debaten sobre la oración, en la educación superior el foco está en lo que se puede enseñar y discutir en clase. La Junta de Regentes del sistema de la Universidad de Texas aprobó una iniciativa que restringe la manera en que el profesorado aborda los llamados “temas controvertidos”. La política exige que las y los docentes no intenten presionar, adoctrinar, acosar ni ridiculizar a estudiantes, especialmente al tratar asuntos en los que “personas de buena fe” pueden tener posturas distintas.

El texto indica que el personal académico debe excluir de los programas de estudio los asuntos polémicos que no estén directamente relacionados con el curso y ceñirse a lo que marca el plan de estudios. Al mismo tiempo, reconoce la libertad del profesorado en el aula, pero subraya que debe apegarse a principios de integridad académica, presentar opiniones contrastadas con evidencia, fomentar un ambiente donde todo el alumnado pueda expresar sus creencias y ayudarles a sacar sus propias conclusiones.

Defensores de la libertad académica han expresado preocupación porque temen que esta política limite la capacidad del profesorado para responder a preguntas sobre hechos históricos o acontecimientos actuales, o para invitar al alumnado a pensar en escenarios futuros. Representantes de asociaciones de profesores han advertido que, si cada tema debe estar “preaprobado” en el programa, hablar de noticias recientes podría percibirse como un riesgo laboral.

La iniciativa no define qué se considera exactamente un “tema controvertido”, dejando en manos de las 14 instituciones del sistema de la Universidad de Texas la interpretación y aplicación de estas pautas. Esto incluye a la Universidad de Texas en Austin (UT Austin), la institución más grande del sistema.

Cambios en universidades y presión sobre la educación pública en Texas

La nueva política llega después de otras decisiones en sistemas universitarios de Texas. El sistema Texas A&M, por ejemplo, ha establecido límites sobre cómo se puede enseñar raza y género, lo que derivó en revisiones administrativas de materiales de curso, cancelaciones de algunas materias y cambios en los contenidos, incluida la eliminación de ciertas lecturas clásicas. Más recientemente, Texas A&M cerró su programa de estudios de mujeres y género.

En diciembre, el sistema de Texas Tech también restringió la forma de enseñar sobre raza y género, prohibiendo la “defensa” de ciertas posturas y pidiendo que cursos relacionados con orientación sexual sean sometidos a revisión. Dentro del propio sistema de la Universidad de Texas, UT Austin anunció la consolidación de siete programas de estudios étnicos y de género en solo dos departamentos, lo que implica la desaparición de varias unidades académicas especializadas.

Para quienes observan el panorama completo, estos cambios refuerzan la idea de que el Estado busca mayor control sobre contenidos y enfoques tanto en escuelas como en universidades. La educación pública en Texas se ve así atravesada por debates simultáneos: el lugar de la fe en los planteles, los límites a la discusión de temas incómodos, y la definición de qué tan amplio puede ser el abanico de ideas al que tienen acceso las y los estudiantes.

Por ahora, los hechos son claros: los distritos escolares tienen hasta el 1 de marzo para decidir si adoptan periodos de oración, y la nueva política del sistema de la Universidad de Texas ya fue aprobada y deberá ser implementada por sus 14 instituciones. Familias, estudiantes y docentes en Houston y en todo el estado seguirán de cerca cómo estos cambios se traducen en el día a día de las aulas.


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