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Venezuela: Del autoritarismo al umbral de la libertad

Luego de los hechos que llevaron a la detención de Nicolás Maduro, una periodista venezolana desde el exilio comparte su reacción.

by La Prensa de Houston

Por Milagros Durán (*)  

La madrugada del 3 de enero del 2026 marcó un punto de quiebre en la historia contemporánea de Venezuela. Ese día, Nicolás Maduro —quien durante más de una década condujo al país por la senda del autoritarismo, la censura y la devastación económica— fue capturado y trasladado a una cárcel federal en Estados Unidos. Deberá enfrentar cargos por terrorismo, narcotráfico y lavado de dinero, actividades orientadas a desestabilizar a Estados Unidos. 

Han sido 26 años de socialismo a la usanza cubana, casi 3 décadas, de destrucción del nivel de vida de los venezolanos. Desde Hugo Chávez (1999) y luego su heredero político, Nicolás Maduro (2013-2026).  

Mily Duran, periodista

Escribo estas líneas desde el exilio. Como periodista, trabajé durante 20 años en los periódicos más importantes de Caracas; y desde siempre tuve una voz crítica contra el chavismo, así que, como muchos de mis paisanos, me vi obligada a abandonar mi país hace casi veinte años; fui perseguida por decir lo que los jerarcas rojos no querían escuchar. 

Desde el destierro, sigo diariamente los acontecimientos de Venezuela, no con la frialdad de un analista, sino con una profunda conexión emocional, porque Venezuela palpita dentro de mí, como el “Alma llanera” y las tonadas de Simón Díaz. 

El llamado “socialismo del siglo XXI” ha sido una hecatombe para Venezuela. Lograron lo impensable: quebrar económicamente al país con las mayores reservas petroleras del planeta. Expropiaron las empresas más productivas del sector industrial, alimentario y ganadero; no para ponerlas al servicio del pueblo, sino para condenarlas a la ineficiencia y al abandono. Suspendieron las libertades individuales, criminalizaron la disidencia y aplicaron una censura férrea, silenciando a la prensa, a la radio y a la televisión. Y, aunque parezca increíble, lograron incluso bloquear las redes sociales. Silenciaron a todo un país. 

La “revolución bonita” de la que hablaba Chávez se convirtió en un régimen que oprimió ferozmente a los venezolanos. Y que se sostuvo mediante los fusiles y el miedo.

Las protestas ciudadanas en Caracas y en todo el país fueron reprimidas con balas, cárcel y tortura. Produjeron una diáspora de más de 8 millones de venezolanos, miles de exiliados… y un país profundamente herido. 

Para la fecha que escribo esto —primeros días de enero 2026—, el régimen chavista con Delcy Rodríguez, como presidenta encargada, mantiene más de mil presos políticos, la mayoría sometidos a tratos crueles, abusos sexuales y torturas. 

Nicolás Maduro y otros funcionarios del régimen deberán también enfrentar un juicio ante la Corte Penal Internacional por crímenes de Lesa Humanidad, por cientos de casos documentados ante esta instancia de La Haya. 

Por eso celebro —como la mayoría de mis compatriotas— la captura de Nicolás Maduro. Como tantos otros antes que él, Maduro también creyó —ilusamente— que el poder era eterno. Hoy, su caída confirma una vieja lección: el poder tiene las manos frías y suele soltar a quienes lo usan para oprimir. Los finales de los mafiosos rara vez son gloriosos. Y Venezuela, tras veintiséis largos años de tiranía, quedará marcada para siempre, acaso inmunizada frente al espejismo del comunismo y frente a los caudillos que prometen redención mientras llenan sus bolsillos con la riqueza de su propio pueblo. 

Ahora estamos iniciando un gran desafío: la transición democrática. ¡Que viva la libertad!

(*) Periodista venezolana, basada en Houston, Texas. @MilyChannel en IG.

La periodista Mily Durán junto con un grupo de compatriotas en una de las manifestaciones en Houston. Foto Cortesía de Mily Duran

 

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