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Francia enfrenta ola masiva de protestas por recortes presupuestarios

El aumento del costo de vida, los recortes fiscales y la crisis educativa desataron intensas movilizaciones sociales y disturbios en las principales ciudades francesas.

by Miguel Mejía
Una ola masiva de protestas que, iniciada en el ámbito educativo, ha escalado hasta convertirse en un estallido generalizado contra el alto costo de vida, la austeridad presupuestaria y las políticas del gobierno del presidente Emmanuel Macron. 

Francia.- Una ola masiva de protestas que, iniciada en el ámbito educativo, ha escalado hasta convertirse en un estallido generalizado contra el alto costo de vida, la austeridad presupuestaria y las políticas del gobierno del presidente Emmanuel Macron. 

Lo que comenzó a mediados de septiembre como una huelga docente y estudiantil en el liceo Saint-Exupéry de Créteil por la falta de profesores e infraestructura, se transformó en cuestión de semanas en una inédita movilización transversal. 

Bajo convocatorias como la del movimiento de «Amarillos y Jóvenes», la inconformidad ha aglutinado a sectores de la Generación Z, antiguos chalecos amarillos, sindicatos, campesinos y jubilados, desatando violentos disturbios, bloqueos urbanos y la imposición de toques de queda parciales en ciudades como París, Lille y Niza.

La magnitud del conflicto actual no responde a un detonante aislado, sino al solapamiento de severas tensiones económicas, políticas y de gestión pública. 

El malestar estudiantil estalló ante la crónica escasez de docentes, el deterioro de las instalaciones educativas y el rechazo generalizado a Parcoursup (plataforma de acceso a la educación superior), motivo por el cual las organizaciones de jóvenes exigen un plan de choque de 10 mil millones de euros para revertir la precarización del sistema público de enseñanza. 

A esta demanda se le suma la constante subida de precios en alimentos, energía y servicios básicos, que asfixia el presupuesto de los hogares de ingresos medios y bajos. La brecha entre el encarecimiento del costo de vida y el estancamiento de los salarios reactivó los reclamos del movimiento de los chalecos amarillos, cuya agenda económica volvió a resonar con fuerza en la opinión pública.

Al mismo tiempo, para contener el abultado déficit y la deuda pública, la administración de Macron proyecta un ajuste presupuestario de más de 54 mil millones de euros en el marco de las cuentas públicas. 

Este paquete de recortes ha intensificado el temor ciudadano al desmantelamiento de las ayudas sociales, las pensiones y la calidad de los servicios públicos esenciales. 

Asimismo, el descontento acumulado desde la polémica reforma de pensiones que elevó la edad de jubilación a los 64 años continúa operando como un motor movilizador, alimentando un profundo rechazo al estilo de gobernanza del Ejecutivo.

Recientemente, se han registrado saqueos a comercios, la quema del ayuntamiento de Limoges y serios daños a sedes municipales en Marsella. 

El Ministerio de Justicia confirmó la detención de más de 2 mil 500 personas en todo el país y ordenó a la fiscalía tipificar los desórdenes graves como actos de crimen organizado, ampliando los plazos de detención preventiva. 

Por su parte, Emmanuel Macron condenó con firmeza la destrucción del patrimonio público y reconoció desajustes en los operativos de seguridad, mientras el ministro del Interior, Laurent Nuñez, puso su renuncia a disposición del mandatario. Con un margen de maniobra fiscal sumamente acotado y un clima político enrarecido rumbo a la sucesión presidencial de 2027, el gobierno francés enfrenta el complejo reto de restaurar el orden público sin desatender las fracturas estructurales que amenazan la cohesión social del país.

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