Home NoticiasInternacionales EE.UU. pacta con Venezuela control de 17 campos petroleros

EE.UU. pacta con Venezuela control de 17 campos petroleros

Washington acuerda explotación petrolera por cien años con Caracas a cambio de inversiones, desplazando exigencias democráticas y aislando a la oposición venezolana.

by Miguel Mejía

Washington.- Las negociaciones bilaterales que culminaron en el acuerdo energético entre la administración del presidente Donald Trump y las autoridades operativas de Venezuela, a cargo de la presidenta interina Delcy Rodríguez, se desarrollaron mediante un esquema de alta reserva diplomática. 

Las conversaciones fueron conducidas directamente por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en interlocución constante y con la venia de la presidenta encargada tras el derrocamiento de Nicolás Maduro. 

El objetivo central fue asegurar el control operativo de los recursos hidrocarburíferos sudamericanos mediante un modelo contractual de explotación directa y vigilancia financiera permanente.

El marco regulatorio del convenio contempla la adjudicación de concesiones por un periodo de 100 años sobre 17 campos petroleros estratégicos situados en la Faja Petrolífera del Orinoco y la cuenca del Lago de Maracaibo, áreas que previamente contaban con participación de consorcios estatales rusos y chinos.

Dichos activos serán gestionados por la firma privada North American Blue Energy Partners (NABEP). Bajo la arquitectura institucional pactada, la compañía cedió al Departamento de Defensa de Estados Unidos una participación accionaria del 35% en su sociedad matriz. 

Asimismo, el Departamento de Estado aseguró el derecho garantizado de adquirir el 20% de la producción total a precio de costo para el abastecimiento continuo de la Reserva Estratégica de Petróleo, sumado a un derecho de preferencia exclusiva sobre el 80% restante de la oferta extractiva para su procesamiento en refinerías del Golfo de México.

En términos económicos y fiscales, la Casa Blanca calcula que el esquema corporativo generará una inyección privada de 100 mil millones de dólares destinada a la reconstrucción de la infraestructura energética deteriorada. 

A su vez, se proyecta la recaudación de unos 200 mil millones de dólares en regalías e impuestos para el erario venezolano durante los próximos 25 años. Asimismo, en el ánimo de garantizar la transparencia y evitar la desviación de recursos, Washington estableció mecanismos de auditoría directa, supervisión bancaria y monitoreo financiero sobre las cuentas públicas donde se depositarán los ingresos derivados de las ventas internacionales del crudo.

Para la gestión de Delcy Rodríguez, la negociación representó una vía pragmática para oxigenar la debilitada industria de Petróleos de Venezuela (PDVSA), asegurar liquidez financiera y validar la continuidad institucional del oficialismo sin la exigencia de compromisos inmediatos sobre un calendario electoral o una transición política formal.

El pacto generó intensas reacciones en el espectro político venezolano. La líder opositora María Corina Machado adoptó una postura de cautela estratégica, señalando que cualquier inversión multimillonaria a largo plazo carecerá de la seguridad jurídica requerida mientras no se restablezca plenamente el orden constitucional y el Estado de derecho. 

En contraste, diversos dirigentes del bloque opositor y organizaciones civiles criticaron duramente la negociación, calificando la cesión de campos y la fiscalización extranjera como un despojo de la soberanía nacional y cuestionando la validez legal de contratos suscritos por autoridades que ellos consideran sin legitimidad democrática. 

La jugada prioriza la seguridad energética estadounidense sobre las presiones multilaterales por la democracia en la región latinoamericana.

Ver más noticias