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Cuando Houston abraza a Venezuela

by Domingo Banda

Hay noticias que uno quisiera no tener que escribir nunca. Durante los últimos días, los venezolanos hemos vivido horas de angustia siguiendo las noticias que llegan desde nuestro país. Entre llamadas sin respuesta, mensajes que tardaban en entrar y la incertidumbre de no saber cómo estaban familiares y amigos, miles de personas dentro y fuera de Venezuela compartieron la misma preocupación.

Pero en medio de la tristeza ocurrió algo que merece ser contado. Houston volvió a demostrar por qué es una de las ciudades más solidarias y diversas de Estados Unidos.

Apenas comenzaron a conocerse las necesidades de las comunidades afectadas, organizaciones, empresarios, líderes comunitarios y ciudadanos comunes empezaron a movilizarse para ayudar. En distintos puntos de la ciudad aparecieron centros de acopio. Familias completas llegaron con agua, alimentos no perecederos, pañales, fórmulas para bebés, medicamentos, productos de higiene personal e incluso alimentos para mascotas.

Lo más hermoso no fue solamente la cantidad de donativos recibidos, sino las personas que decidieron regalar su tiempo.

Vi voluntarios organizando cajas durante horas. Vi personas clasificando productos después de terminar su jornada laboral. Vi jóvenes, adultos mayores y familias enteras trabajando juntos por una causa común. Muchos eran venezolanos. Otros eran colombianos, mexicanos, cubanos, hondureños, salvadoreños y estadounidenses que simplemente querían ayudar.

Porque cuando una tragedia golpea a una comunidad, el dolor no entiende de nacionalidades.

Houston es una ciudad construida por inmigrantes. Quizás por eso existe una sensibilidad especial hacia quienes atraviesan momentos difíciles. Aquí entendemos lo que significa extrañar un país, preocuparnos por quienes quedaron atrás y sentir que una parte de nuestro corazón sigue viviendo en otro lugar.

La respuesta de la comunidad hispana durante estos días ha sido una demostración de que nuestras raíces siguen vivas, sin importar cuántos años llevemos lejos de nuestra tierra. Nos hemos integrado a esta ciudad, la hemos convertido en nuestro hogar y contribuimos a su crecimiento, pero nunca olvidamos de dónde venimos.

También ha sido un recordatorio de algo que a veces olvidamos en medio de tantas noticias negativas: los buenos seguimos siendo más.

Son más las personas que ayudan que las que critican. Son más las que donan que las que permanecen indiferentes. Son más las que tienden una mano que las que dan la espalda.

Como venezolana, me siento profundamente agradecida con cada persona que hizo una donación, con cada voluntario que dedicó horas de trabajo y con cada organización que abrió sus puertas para servir de puente entre Houston y Venezuela.

Y como periodista, siento que estas historias merecen ser contadas.

Porque cuando hablamos de contagiar amor por Houston, hablamos precisamente de esto: de una ciudad capaz de movilizarse por quienes sufren, de una comunidad hispana que permanece unida y de personas que entienden que la solidaridad no tiene fronteras.

 

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